domingo, marzo 11, 2012

No somos seres humanos que tienen experiencias espirituales ocasionales; sino todo lo contrario: somos seres espirituales que tienen experiencias humanas ocasionales.” Deepak Chopra



Nuestra cultura está fuertemente influenciada por los valores
judeocristianos de caridad y trabajo. Sin embargo, esta sociedad como
la conocemos se ha desarrollado esencialmente durante el siglo XX, y
sus más profundas creencias están enraizadas en el llamado materialismo
filosófico. Esta etiqueta no se refiere a nuestro amor por las
posesiones y el dinero sino a la idea de que la realidad está
determinada por lo que percibimos con nuestros sentidos. 

Si algo no puede ser visto, saboreado, escuchado, tocado, o medido en
un laboratorio; el materialismo sostiene que existe sólo como una
creación mental. Aunque los fenómenos no-materiales (extra-sensoriales)
existen en la esfera de la religión, nuestra visión de la realidad
“cotidiana” está básicamente divorciada del reino del espíritu.
Nos basamos en lo que la ciencia indica para decidir qué es real y qué no. 

Sin embargo, hay muchas cosas que no podíamos ver ni creíamos que
existieran hace 200 años: átomos, quarks, propulsión aerodinámica,
agujeros negros, ni tampoco soñar con los microscopios y los
telescopios que actualmente nos permiten observar todas esas cosas. Hoy
la ciencia nos dice que el universo está hecho de materia y de energía.


La creencia en que no existe nada más allá de aquello que puede ser
visto, gustado, tocado, oído o experimentado tiene consecuencias
dramáticas, pero no más graves que la forma en que consideramos los
ciclos de nuestras vidas, desde el nacimiento hacia la madurez, la
vejez y la muerte. 

Para aquellos que consideran la vida sólo por medio de los sentidos, la
muerte es el obvio fin del camino; más allá de la desaparición de
nuestro cuerpo físico, dicen, no hay nada. Para la gente de fe, pueden
existir otros planos o reinos además del terrenal, y aunque nuestros
actos afecten al futuro, la vida posterior permanece en el ámbito de la
especulación. 

De acuerdo a esta visión material, somos entes separados, finitos, y
vivimos en un mundo de fenómenos cambiantes, esperando nuestra
aniquilación. De modo que no es una gran sorpresa que la muerte y sus
amigas la enfermedad y la vejez, hayan sido fuente de tantos temores y
se las comprenda tan erróneamente.

El Hinduismo observa la existencia desde una perspectiva mucho más
amplia que la de una única vida. Lo que recibimos de la cultura hindú
es la comprensión de que el alma continúa existiendo después de la
muerte. Este aspecto no físico, no material, de la vida humana es tan
real para los hindúes como lo son su cuerpo y su mente, y los lleva a
considerar a la muerte no como el final de todo, sino como una
transición; y a su vida física como una etapa en el viaje eterno que el
alma transita hacia su auto-realización. 
La conciencia metafísica nos ayuda a reducir la fuerza de dos
compulsiones: a “tenerlo todo” ahora, y a la desesperación frente a las
pérdidas: la mayoría de los occidentales nos pasamos la vida
preocupados por no perder lo que tenemos. 

Esta otra concepción nos ofrece la oportunidad de ocuparnos de cuidar
aquello que no puede sernos quitado: nuestra sabiduría y el amor que
podemos ofrecer a quiénes nos rodean. 

Es importante que reflexionemos sobre si creemos que somos cuerpos con
mente y nada más, y que nos preguntemos: ¿hay algo que alguna sea
suficiente? En una sociedad enfocada en el plano físico y psicológico,
MÁS siempre parece ser MEJOR: más tiempo, más salud, más experiencias,
más posesiones. 

Deberemos examinar si “más” es REALMENTE “mejor”, y, si alguna vez eso nos alcanza.

Si consideramos un modelo de la realidad expandida más allá del
materialismo filosófico – más cercana a lo que Aldous Huxley denominó
“filosofía perenne” – podemos considerar al proceso de vida bajo una
luz radicalmente diferente.


LOS TRES NIVELES EL SER
Habitualmente nos contactamos con el mundo desde nuestro Ego: yo
primero. El dominio del Ego incluye todo aquello que experimentamos
como “nosotros mismos” en el plano psico-físico: el cuerpo, la
personalidad, fama, reputación, posesiones, emociones y las estructuras
conceptuales o creencias que nuestra mente desarrolla para ayudarnos a
funcionar. El Ego, utilizando el famoso dicho de Descartes, está hecho
de lo “que pensamos” que somos: un cuerpo-mente de cierta edad, con
ciertos gustos, deseos, opiniones. En el mundo, este Ego sólo puede
registrar otros Egos, separados, seres sintientes, y utiliza como
sistema de operación sólo aquello que la ciencia es capaz de explicar y
con la computadora cerebral como único vehículo.

Pero, el Ego es una pequeñísima cosa en el mar de a Conciencia, Más allá del Ego encontramos el Alma. 

El Alma está aquí para aprender. 
Y la vida y todas las inevitables dificultades son la primera lección con que cuenta. 
Para qué todo este aprendizaje? Para el futuro, por supuesto. La paz
mental después. Mucho después. Aunque sé que esto podrá causar algunos
problemas, lo diré de todos modos: El Alma trasciende la muerte y
reencarna. Eso es en lo que yo creo. Estamos aprendiendo para
transformarnos eventualmente en Budas, alcanzar el Cielo, unirnos con
lo Divino. Estar aquí cincuenta u ochenta años sólo para terminar
aniquilados al final no tiene sentido. Nada en el universo es tan
ineficiente como eso. Tenemos que estar aquí para aprender; sino
nuestras dificultades no tendrían ningún sentido. 
Para el Ego, el sentido de nuestra existencia pasa por los roles que desempeñamos y las posiciones que ocupamos. 

Para el Alma, el sentido es el aprendizaje.
Cuando expandimos nuestra auto imagen para incluir el Alma, notamos que
se produce un cambio en nuestra conciencia personal; una liberación del
pequeño y egótico Yo a un contexto más abarcador. Desde esta
perspectiva del Alma, podemos observar nuestros Egos desde afuera. Esto
nos permite observar a nuestra mente y cuerpo de forma sorprendente y
novedosa, como si las puertas del Yo se abrieran y pudiéramos
finalmente salir, disfrutar del paisaje, y poner una necesaria
distancia entre aquello que somos (desde la perspectiva el Alma) y el
sufrimiento que experimentamos en el nivel del cuerpo y la mente. 

Así, con la práctica, podremos disfrutar de la increíble sanación que implica reconocernos también como seres espirituales. 

Pero, así como la ola no es el océano, el Alma no representa la
completa extensión de la conciencia. Más allá del nivel del Alma,
encontramos el fundamento mismo del Ser, al que he denominado
Conciencia (con mayúscula). 

El nivel del Ego está contenido por el nivel del Alma; y el del Alma lo
está por el de la Conciencia. La Conciencia no tiene límites externos,
es eterna e infinita. Hay muchas palabras para describir este dominio
omnipresente: Dios, Brahma, Lo Sin Nombre, Lo Sin Forma, Lo
Inmanifiesto, Lo Absoluto. El Ego y el Alma son partes inherentes de la
conciencia, así como la Conciencia es la esencia misma de aquello que
somos. Este salto del Yo a la Conciencia es un paso difícil para el
Ego, sin embargo, significa la unión mística experimentada por los
santos y descripta por poetas, en donde el Yo separado queda atrás y se
disuelve en Dios, retornando al hogar, hacia aquello que de verdad
somos.

La Conciencia, Dios, como quiera llamarse, está más allá del tiempo y
de los conceptos. Este es el fundamento del Ser. Las Almas surgen de la
Conciencia como pequeñas big bangs”. La relación del Alma con la
Conciencia es como la de un niño con su madre. La clara luz de la
Conciencia es el lugar adonde el Alma anhela retornar. El viaje del
alma es madurar hacia el encuentro con Dios.

Hay un maravilloso ejercicio para entrar en el plano de la Conciencia.
Se realiza acostado boca arriba, observando el cielo, y viendo las
nubes pasar. Luego de un rato, comienzas a sentir que el cielo
representa la Conciencia. Te puedes identificar con él. Las nubes
serían los fenómenos que emergen en tu mente y cuerpo – deseos,
temores, imágenes, sonidos, olores, todo. El cielo no presta atención a
las nubes que pasan. Simplemente se mantiene abierto.

Los que se requiere, es el simple conocimiento de que somos más que
nuestros cuerpos y mentes. Que el Ego sea sólo un fragmento de quiénes
somos realmente, es shockeante para el sistema al principio. Pero una
vez que comienzas a experimentar la conciencia del Alma en la vida
cotidiana, descubrirás que ofrece un gran alivio para el dolor, el
temor a las pérdidas, el enojo y otros estados mentales difíciles.
También te permite dar un paso atrás y observar quién eres, con
sabiduría y espaciosidad. Esta práctica requiere humildad y paciencia. 

A pesar de haber estado involucrado en prácticas espirituales por cerca
de cuatro décadas, permanentemente caigo en mis viejos hábitos; sin
embargo, la intención de abrir los ojos a la posibilidad de vivenciar
el Self ampliado, te ofrece una gran oportunidad de transformación.



MENTE VIEJA, MENTE NUEVA
En nuestra cultura materialista, el mundo externo es de primordial
importancia. Aunque podemos de algún modo controlar nuestras
circunstancias externas, nos damos cuenta de que este control es
limitado; que existen aspectos de la vida que no podemos cambiar – el
pago de los impuestos, la conducta de nuestros hijos, la vejez, etc. Ya
que no podemos evitar que nos ocurran cosas que no desearíamos, el
razonamiento concluye que somos víctimas de la vida o tontas criaturas
que luchan con poder limitado una batalla perdida contra la naturaleza.


Nos han enseñado que estamos capturados por las circunstancias y que la
realidad externa tiene la última palabra sobre quiénes somos, cómo nos
sentimos, qué pensamos y qué es posible.

Como la mayoría de nuestras creencias fundamentales, esta versión de la realidad parece cierta. 


Pero ¿es acaso TODA la verdad? 

Podemos ver la realidad desde diferentes ángulos, de modo que podemos
elegir cómo responder a los eventos. Tendemos a olvidar que la mente es
flexible, permitiendo que la experiencia nos controle: si nos pinchamos
la piel sangraremos, si gastamos todo nuestro dinero estaremos
quebrados… pero cuando nos suceden cosas desagradables, ¿tenemos que
sentirnos completamente deprimidos? 

Cuando nos sucede algo, respondemos de una forma habitual y específica.
El Ego tiende a considerarnos como algo determinado, y sin embargo
tenemos la capacidad de decidir cómo queremos vivir, y de utilizar las
circunstancias cambiantes para beneficiarnos a nosotros y al mundo; si
nos tomamos el tiempo de conocer a nuestra mente y cómo determina
nuestra calidad de vida.

Es la mente, el Ego, más que cualquier otra circunstancia externa quién
crea nuestro sufrimiento. Muchas veces utilizamos las circunstancias
para suspender nuestro trabajo interior cuando podríamos utilizarlas
como una oportunidad para, concientemente, descubrir la sanación en
momentos difíciles. Aprendiendo a retirarnos del temor de nuestro Ego
hacia la perspectiva del Alma y separando el dolor de nuestra reacción
frente a él, podremos reducir nuestro sufrimiento un poco más. 

No son los hechos los que crean el sufrimiento, sino el modo en que la
mente lidia con ellos el que lo provoca. Por ejemplo, he notado una
epidemia de “si tan sólo...” Es un auto-sabotage, reteniéndonos en una
trampa de nostalgias, aferrándonos a lo que podría haber sido,
incapaces de permanecer en el momento presente.

Si nos aquietamos y atendemos nuestro interior, descubriremos cuán
vitalizante puede ser utilizar nuestra mente en formas que nos liberan
de las trampas del pasado. 

Uno de los métodos más simples que conozco para trabajar con la mente
es la meditación de la atención, que he practicado desde l970. 
Esta técnica deriva de la tradición budista, sin embargo no es
necesario ser budista para beneficiarnos con sus resultados ni requiere
cierta fe, devoción religiosa ni conocimientos metafísicos de ningún
tipo. 

La meditación de la atención simplemente nos invita a reconocer nuestra
mente, utilizando la respiración como el objeto de atención. Esta
práctica nos ayuda a corrernos del lugar el Ego, y a comenzar a vivir
desde la perspectiva del Alma.

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"SOY AGNOSTICO CUANTICO... QUE EXPERIENCIA!!!"

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Sanando las emociones, sanamos el cuerpo. Mi tarea como Terapeuta Holístico es, mediante la observación previamente entrenada y por medio de una consulta, el descubrir y solucionar los conflictos y problemas que afectan al paciente, y llevarlos a un estado de armonía, equilibrio y salud. Es necesario tener en cuenta a la persona también con su entorno de vida, pues muchas enfermedades tienen los mismos síntomas, pero en cada persona puede haber de fondo otras causas. El escuchar atentamente cuando el paciente describe sus síntomas y la historia de su enfermedad es para mi lo más importante. As! se manifiestan claramente las circunstancias de la enfermedad que con frecuencia es el paciente mismo el que las establece y expresa. Al finalizar la prueba de diagnóstico establezco junto con el paciente el plan de terapia a utilizar. Por lo tanto con las técnicas holísticas se ayuda a sanar Cuerpo, Mente y Éter, considerando al ser humano como un individuo integral y no como un paciente, un enfermo o un numero de expediente más. De esta manera logramos evolucionar al ser hacia su verdad interna, el encuentro con nuestro verdadero ser.